miércoles, 19 de septiembre de 2012

Salida del 16 de septiembre del 2012


Un nuevo domingo y una nueva salida de la Vitoriana, ahora en horario invierno, a las 9:00 h AM.
La grupeta bien representada con Ramón, Felipe, Juan, Miguel, Javi Txiki, Joselito, Enrique y Sergio y un nuevo fichaje para la etapa que venía ya vestido de amarillo pues se sabía de antemano que iba a ser el líder de la jornada. David (hijo de Enrique), fenómeno de la bicicleta que gana carreras como un campeón, y ya lo dice el dicho………., de tal palo tal astilla.
El sábado en general había sido excesivamente sosegado para unos y más durillo para otros. A modo de ejemplo tenemos a Juan y Joselito que anduvieron de playita (masaje y baño), Felipe también estuvo en la playa pero lo que hizo fue andar, andar y andar y encima subiendo y bajando escaleras -San Juan de Gastelugatxe- (tiene que aprender de los dos primeros), Miguel no tuvo otra idea que subir a Anboto y bajar corriendo (hay que recordarle que es ciclista no maratoniano de montaña, que esas cosas las hacen las cabras), David tuvo carrera el sábado, 120 km, cuatro puertos y 40 km/h de media (la verdad es que no se le notaba nada y si tuvo algún rasgo de sufrimiento en su cara no se le pudo ver porque lo único que le veíamos era el trasero) y Ramón y Sergio subieron Urkiola (en bici por supuesto), haciendo un total de 115 km.
Partimos en dirección Gopegi a un ritmo caribeño que nada tiene que ver con las salidas habituales de la Vitoriana, prácticamente había que mantenerse en equilibrio sobre la bicicleta, pero una vez que llegamos a la rampa de Manurga comienzan a aparecer las primeras hostilidades de la jornada y el ritmillo se aviva, aunque hay está David para mantenerles calmados enseñándoles los dientes.
En Murgia nos reagrupamos todos hasta que llegamos al cruce de Izarra, donde en la subida de La Piedad se desmonta el pelotón y los fuertes empiezan a tirar para adelante.
Este tramo hasta el alto de la Barrerilla resulta muy pestoso, con continuos sube y bajas y se acaba atomizando de modo definitivo todo el grupo.
Bajada rápida de La Barrerilla y a los pies de Orduña la grupeta se reúne y se comienza con la ascensión del puerto, suave, suave, suave, que todos, de un modo u otro estamos ligeramente tocados.
Subimos muy a gusto hasta que se acaban los árboles, donde no solo la rampa se hace más empinada, si no que sopla un viento de cara que prácticamente es más duro combatir contra él que con la cuesta. Haciendo de tripas corazón y muy despacito vencemos las últimas rampas y coronamos el puerto.
Para no quedarnos fríos continuamos sin parar hasta Berberana donde es el lugar de firmas. En el bar en el que paramos se saturan ante la llegada de repente de tanta gente y después de firmar vamos a tomar una Coca-Cola a una gasolinera que hay un poco más adelante, aunque alguno parece que se sirvió un chupito de super 98.
A partir de aquí regresamos a Vitoria-Gasteiz por una carretera bastante pestosilla entre Fresneda y Subijana-Morillas, con continuas subidas y bajadas, que con lo que ya llevamos en las patas hace nos remate el estado físico y anímico, y es que estamos en los últimos compases de la temporada y eso se empieza a notar.
Una vez superado Nanclares, en un intento de fuga sin precedentes, salta Javi Txiki, el cual toma una ventaja nada despreciable ante el estado entre perplejo y cansado de la grupeta. En estas que nos adelante un cadete a toda velocidad, que llega a alcanzar a Javi y viendo que no defiende ningún equipo, David salta a por él para intentar ficharlo para el Electro Alavesa. En seguida le pasa a Javi que ante le velocidad del adelantamiento casi le saca hasta el bidón del portabidones, aunque a pesar de ello esto no cesó en su intento y siguió tirando como un jabato.
Parece que entre David y el cadete acabó habiendo un inicio de trato con un probable futuro fichaje.
La grupeta lo vemos todo esto desde la distancia, hasta que David se vuelve a dejar caer y se organiza un pequeño grupo que decide cortar el intento de fuga antes de que este llegue a Asteguieta, así que nos ponemos manos a la obra, y dando relevos como auténticos pros (nadie nos vio para decir lo contrario), conseguimos dar caza a Javi en el alto de Estarrona.
A partir de este punto, la rutina habitual (que es de las más importantes de la salida, pues si no se celebrara estoy convencido que el número de participantes bajaría de modo alarmante), kañita tostada con sus correspondientes olivas y a la ducha con 100 km muy sudados.

lunes, 17 de septiembre de 2012

CRONICA DE LA BLAN -8-09-2012-

La BLAN (Burgos-La Rioja-Alava-Navarra), la prueba cicloturista más antigua de España, celebrando su LVII (57) edición. Esta prueba la convoca la Sociedad Cicloturista Vitoriana, la cual a su vez es el germen de donde nace la Grupeta Kalpemur.
A las 7:45 AM, los miembros de la grupeta Felipe, Ramón, Juan, Miguel, Enrique, Jose, Joselito, M.A., Javi “el profe” y Sergio estábamos vestidos de romanos en Mendizorroza dispuestos a darlo todo, como siempre.
El tiempo era fresquito pero la previsión era de temperaturas de más de 30º para el mediodía y sabiendo que el destino era la zona de La Rioja, pues la mayoría decidimos que de corto íbamos muy elegantes
El ambiente presente era fenomenal e internacional, contando con una representación de australian@s a los que acompañaba Eneko Llanos.
A las 8:00 h todo el mundo a dar pedales. Con un coche de la organización encabezando y acompañados por municipales en Vitoria-Gasteiz y Ertzaina en las afueras, el pelotón se dirige hacia el puerto de Azaceta, primer coll de la jornada y probablemente el más duro que subimos.
En los primeros kilómetros hasta Eguileta, parte de la grupeta, creo que Ramón, M.A. y Felipe, se pusieron en cabeza de todo el pelotón, enseñando gemelos a los que iban detrás para intimidar un poco. El resto íbamos tranquilamente detrás, aunque con la inercia del grupo se consigue que vayas a una velocidad de unos 30 km/hora sin dar casi pedales.
Primeras rampas de Azaceta y el grupo se comienza a estirar, Ramón y Felipe van por delante, M.A. por el intermedio y el resto detrás.
Comenzamos a remontar posiciones, sobre todo Juan que se pone de pié en la bici y prácticamente sube todo el puerto de pies.
Algún otro miembro de la grupeta decidió subir relajadamente haciendo un máster en relaciones internacionales…………,  con alguien de Australia……….. y que responde al nombre de Chris………… (será chico o chica???, existe una foto que lo identifica).
Una vez arriba parte de la grupeta espera a los siguientes y un par de furtivos se saltan las normas de equipo y continúan con los pros en dirección Viana, parece ser que el pinganillo se les había quedado sin pilas y no pudieron escuchar las órdenes del director.
Desde Azaceta comenzamos el descenso hacia Santa Cruz de Campezo a toda velocidad, intentando alcanzar un grupo que iba delante nuestro y que nos costó hasta Atauri más o menos llegar a juntarnos con ellos.
A partir de este punto, dentro de un pelotón más o menos generoso de unos 25-30 componentes, el ritmo se relaja y comenzamos la ascensión hacia Aguilar de Codes.
Esta la hacemos tranquila con el fin de continuar todos juntos y no volver a atomizar el grupo que habíamos formado.
De Aguilar de Codes continuamos hacia la cumbre del puerto de Aras en ascensión tranquila y luego bajada a toda mecha hasta Viana, aunque en alguna curva había un poco de gravillín que hacía que fuera necesario frenar. Alguno que no lo hizo se metió un buen tortazo, aunque por supuesto no era de nuestra grupeta, ya que la calidad de nuestros txirrindularis está más que demostrada en los miles y miles de kilómetros que llevan sus patas.
Una vez en Viana, sellado de la txartela, a repostar energías nuevas, visita al señor roca y pista para Zambrana.
Partimos en dirección Logroño, muy tranquilamente llegando incluso a saludar a peregrinos que estaban haciendo el camino de Santiago y echar algún piropo atrevido a alguna moceta que paseaba por la zona.
Pasamos por el extrarradio de Logroño y tomamos dirección Laguardia, cuando de repente oímos por la retaguardia unos gritos que por ser este un medio a disposición de tiernos infantes no vamos a reproducir; miramos para atrás sorprendidos y FLIPA!!!!!!!!!!, nos habíamos dejado en Viana a un miembro de la grupeta……., pues que a última hora había ido al aseo, y como hasta el baño había que patear un frontón entero pues se había retrasado y nos lo habíamos dejado allí tirado. Nosotros ya nos habíamos dado cuenta que no estaba pero alguien dijo que estaba por delante y resulta que nos lo habíamos dejado.
Una vez aclaradas las diferencias, continuamos con la marcha de nuevo a ritmo tranquilo hasta que llegamos a la cuesta de Castejones. Aquí nos empezamos a dar cuenta que van pasando los kilómetros casi sin darnos cuenta, pero que más o menos llevaremos setenta y pico o así y además de que la cuesta se hace larga comienzan a aparecer los primeros desenganchados de grupos que van por delante nuestro.
Una vez arriba, nos reagrupamos y es en Laguardia donde nos damos cuenta de que somos unos globeros de órdago (al menos unos cuantos entre los que me incluyo). Dos tiernos infantes con mountain bikes con ruedas como las de un camión, no solo osan a ponerse a rueda!!!!!, no!!!!!!!, si no que van y nos atacan y encima al final se escapan (alguno te dirá que les dejamos ir, pero te aseguro que se marcharon ellos solos) y llegados al cruce hacia el puerto de Herrera, encima nos esperan desafiantes como diciendo, “como vengáis por aquí os vamos a quitar hasta la cinta del manillar de las bicis esas ultraligeras que lleváis”, lo que pasa que nosotros les fastidiamos, y nos fuimos para Labastida, que se fastidien……., a nosotros nos van a venir con chulerías………., que somos de la Vitoriana y nos conocemos los trucos de los pros de sobra…………
A partir de aquí, y con el ánimo de recuperar el orgullo perdido, fuimos a toda máquina hasta Zambrana, haciendo que este tramo resultara  bastante rompepiernas, con continuas bajadas y subidas.
En Zambrana parada corta para sellar la txartela, repostar y vuelta a la bici.
El tramo hasta Treviño se hizo bastante relajado, todos en grupeta tranquilamente, con Felipe a la cabeza poniendo orden para que no hubiera intentos de acelerar el grupo.
Una vez en Treviño, comenzó la subida a Zaldiaran y aquí ya cada uno echó lo que le quedaba, dispersándose el grupo pero esperándonos todos arriba para bajar de modo conjunto y llegar a Mendizorroza con los 150 km entre pecho y espalda.
Una vez allí, fichar de nuevo, recoger el regalo, que este año eran unas perneras piratas, dos trocitos de melón y al Arkatza, donde es mejor no seguir contando porque hubo un río de espuma que hizo que la vuelta a casa fuera como si en vez en bici viajáramos en una nube.
Un 10 para la organización de la BLAN y para toda la gente que participó, HASTA EL AÑO QUE VIENE!!!!!!!!!!!!!

Por Sergio Fernandez Oleaga

lunes, 10 de septiembre de 2012

1001 Miglia Italia


A las seis de la tarde del día 16 de agosto la organización de la etapa “Mil y una millas Italia” prepara “la fiesta de la pasta”, es decir, una cena basada única y exclusivamente en pasta. Por suerte, estamos en el país de la pasta y esta es de buena calidad. En esta primera cena, nos vamos familiarizando con esta masa hecha prácticamente de harina que, prevemos nos va a acompañar durante toda esta dura prueba. Día y noche.
Cuando estamos colocados en la parrilla de salida, la emoción se apodera de nosotros. Esperamos con ansia que llegue nuestra hora de partir, matando el tiempo haciendo fotos. En ese momento, Paski se da cuenta de que no tiene batería en la cámara y de que no ha traído el cargador. Primer incidente.
Por fin llega la hora y salimos a las nueve de la tarde en el segundo grupo. La velocidad de la marcha es sorprendente. No da la impresión de que vayamos a hacer la randoneer más larga de Europa.
El primer control nos espera a 102 kilómetros. Nos quedan tres horas hasta llegar. Yo estoy preocupado por el fuerte ritmo pero Paski me bocea seguro de sí mismo, “Hay que aprovechar el llano y los grupos”. Le hago caso.
En la salida del primer control tiene lugar la segunda incidencia. Los cuatro ciclistas del País Vasco vamos juntos entra la multitud del grupo cuando, al llegar a una rotonda, el G.P.S. nos advierte de que nos hemos desviado de la ruta marcada. Nosotros y otros tres ciclistas más decidimos dar la vuelta y seguir el recorrido que marca el navegador.
Las carreteras están mal asfaltadas y los baches inundan su superficie. En uno de esos boquetes, mi rueda se clava, la suspensión falla y el impacto hace que mi foco se suelte y caiga a una acequia. Son las dos de la madrugada. Mi única iluminación es un pequeño foco de reserva. Decido buscar el foco perdido. Pero mi supervivencia me hace pensar; no tengo G.P.S. y  es posible que no encuentre el foco, es decir, que me quede más perdido y solo que Robinson Crusoe. Mi supervivencia actúa por mí, “Que le den al foco”. Me subo a la bici y salgo a toda pastilla a por el grupo. Llego a un cruce, ¡vaya dilema!. Decido probar suerte y  tiro por uno de los lados por el que al final se ve una luz. La luz procede de una vaquería. Decido pedir auxilio; cojo el teléfono y marco el numero de Paski, antes de oir el primer tono, los nervios me empiezan a ganar la partida. De repente, veo una luz que se aproxima. Me froto los ojos. La luz se acerca cada vez más. ¡Mi salvación!, es Paski con su G.P.S. Cuando se dio cuenta de mi ausencia, volvió a mi rescate. Creo que nunca me  he alegrado tanto de verle.
Llegamos al segundo control. Allí la organización “hace alarde de su generosidad”; una botella de agua caliente y un bollo más seco que la mojama. Además, nos indican que la fontana más cercana está a unos 200 metros. Decidimos ir a beber y llenar los bidones.
Aquí estamos, el Paski, yo y un polaco que se ha unido a nosotros para compartir un tramo de esta aventura. El tipo resulta peculiar: no usa calas y tiene una barriga cervecera más propia de un alemán que de un polaco. Pero ahí estaba él, bueno, ahí y en todas partes porque aparecía en todos los sitios…
Sellamos el tercer y cuarto control sin incidencias, aunque yo sigo discrepando con la velocidad: me parece exagerada. Llevamos 400 kilómetros a una media de 29 km/h.
Decidimos llegar hasta el  quinto control: 95 kilómetros en los que hay un puerto. En este, los dos vitorianos pasamos malos momentos por el calor sofocante y la falta de agua. Las fuentes en Italia son muy escasas por lo que bebemos de todas las que nos encontramos. Después de beber de algunas fuentes tengo molestias en el estomago. Estoy seguro de que es debido a que la mayoría emanan agua no potable. Y es que los italianos no beben agua del grifo debido a la alta contaminación de esta. En este país toda el agua que se bebe está embotellada. Es más, en alguna ocasión que nos hemos parado a pedir agua en alguna casa particular, nos han dado agua envasada.
Antes de llegar al quinto control, otro bache traicionero se la juega a Paski; el rebote de la bici hace que el navegador de este pierda la pantalla. Esto es un problema muy serio pues sin un G.P.S. es imposible encontrar el camino.
Olvidándonos por unos instantes de ese problema, conseguimos llegar hasta el quinto control. Aquí, decidimos dormir en el polideportivo, no sin antes solucionar el problema con el navegador. Tras intentarlo varias veces, nos damos por vencidos; es imposible arreglarlo. Nuestra única opción es levantarnos a las dos de la madrugada y esperar que algún ciclista se ofrezca a acompañarnos.
Salen tres rusos. Les explicamos, “nuestro G.P.S. kaput”, y les indicamos que nos gustaría ir con ellos. Ellos asienten… aunque no sé si entienden bien el mensaje porque al primer puerto nos dejan tirados en la mitad. Se paran, se quitan algo de ropa y se tumban a descansar.
Intentando comprender la situación, vemos aparecer a otro ciclista. No lo dudamos y vamos a por él. Y así hasta coronar el puerto donde paramos para ponernos ropa (al bajar la temperatura desciende considerablemente) y hablar un poco con el ciclista al que acabábamos de invadir. El tipo, que se presenta como Bernal con acento francés, nos invita a seguir la ruta con él después de explicarle nuestra situación.
Comenzamos el descenso del puerto. Bernal, en cabeza, abre paso, le sigo yo y Paski cierra la cola. Son cerca de las cuatro de la madrugada y la oscuridad inundaba todo (motivo por el cual yo, que iba sin luz, iba en medio). De pronto, noto que la bici del gabacho empieza a balancearse de forma extraña. Asustado, intento alertar a Paski. Le chillo pero este no contesta. Soy consciente de la situación… mis dos compañeros se están quedando dormidos.
Por suerte, todo se queda en una pequeña anécdota y según llegamos al primer pueblo nos tiramos en un parque a dormir una hora.
Tras subir el segundo puerto, llegamos a un monasterio en donde está el control. Ahí, sellamos y cenamos como frailes con jamón, chorizo, queso y agua, vino y café para regar la comida (creo que nunca he estado tan cerca del cielo).

Al terminal el día, Bernal sigue con nosotros. A pesar de sus 66 años, tiene un cuerpo espectacular. Además, (todavía no sé cómo) consiguió arreglarnos el G.P.S. con lo que nos devolvió nuestra independencia. Esa noche, los tres, decidimos dormir al aire libre y aprovechar la buena temperatura. Bernal, por su parte, nos advierte de que el reanudará la marcha en una hora. Nosotros, tomamos un poco más te precaución y dormir cuatro horas, por lo que nuestro amigo francés retoma su marcha en solitario.
Al día siguiente Paki y yo pedaleamos solos y con ganas. Gracias a ello, adelantamos a unos cuarenta corredores.
Comparando con esta última, la etapa que comenzaba ahora era especialmente dura. Nosotros, para colmo, nos confundimos y subimos cuatro kilómetros con un desnivel bestial. De hecho, el pavimento de cemento, tenía ranuras horizontales.
Al llegar al control nos encontramos con Bernal. Le proponemos que nos acompañe, pero el hombre ya está tocado y prefiere ir a su ritmo.
Llegamos a Siena y para nuestro asombro, cruzamos la ciudad por todo el centro. Es domingo, doce y media de la noche y no hay apenas gente ni por la plaza principal ni por el casco antiguo. Cuando salimos de la urbe, hacemos otros treinta kilómetros hasta que en pleno campo encontramos el sitio perfecto para descansar cuatro horitas.
Amanece en Italia. Paski y yo recogemos los bártulos y desayunamos. El control está cerrado pero, afortunadamente, el ticket del desayuno nos sirve de prueba para certificar que hemos pasado por ahí.  
Cuando terminamos la etapa, decidimos dormir durante el mediodía ya que el calor sofocante, que eleva el mercurio muy por encima de los cuarenta grados, hace imposible andar en bici. Son las siete de la tarde. Entramos a un bar y Paski consigue que nos sirvan dos huevos fritos con jamón y una botella de vino de la cual yo no disfruto mucho pues está a temperatura ambiente, pero del ambiente del bar, es decir, 30 grados.
Seguimos la etapa con un pequeño grupo de Italianos, entre los que se encuentra Marco que lleva una silla reclinada (creo que es el único que participa con este tipo de bicicleta).

Por fin, llegamos a la etapa más fuerte; la de montaña. Desnivel: 1913 metros. Al comenzar, por un motivo que no llegamos a entender, el navegador nos manda a Paski, Masrco y servidor, por unas carreteras de montaña que, debido a los exagerados desniveles, hace al italiano poner el pie en el suelo más de una vez. Ya en la cima, preguntamos a una señora que se encontraba por allí. La buena mujer nos advierte de que vamos mal ya que por donde hemos subido solo pueden subir cabras. En fin. Por lo menos le desmentimos la teoría a la señora. Vuelta a atrás por el mismo sitio hasta el punto de partida inicial.  
Al llegar al principio de la etapa. Nos encontramos un poco desorientados. Por suerte, apareció nuestra salvación, ¡el polaco!. Todos le seguimos.
Poco más tarde, Paski me dice que tiene mucho sueño. Le comentamos la situación a Marcos para que el siga adelante con otro grupo mientras nosotros nos paramos a descansar quince minutos. Tras ese pequeño paréntesis, comenzamos a subir un puerto. Al poco, me doy cuenta de que algo no va bien. Paski se queda atrás, no sube bien. Paramos en medio del puerto y mi compañero “tira” de turrón mientras reposa en el suelo. Poco a poco retomamos la marcha y conseguimos hacer cumbre.
Cuando llegamos a un pueblo decidimos dormir un par de horas en el banco de la puerta de la iglesia. A ver si Paski se recupera del todo.
La comida y el reposo hacen efecto y  al amanecer salimos los dos como un tiro. Paski jura como un condenado y amenaza con matar al G.P.S. No hay duda: está totalmente recuperado. Tenemos ganas de acabar la etapa de montaña. Después de esta, solo quedan dos para llegar a la meta y estas últimas, se supone, son llanas.
La penúltima es de 55 kilómetros durante los cuales tenemos la grata compañía de Marcos. Vamos a una media de 30 kilómetros por hora hasta llegar a la ciudad de Fausto (Coppi).
Por fin, la última etapa. La guinda del pastel. 122 kilómetros llanos que a causa del cansancio acumulado durante toda la travesía se nos hacen muy duros. Alcanzamos a un grupo de italianos y decidimos parar con ellos a cenar en un pueblo. Al llegar a la citada villa la gran cantidad de mosquitos que hostigaban a toda aquel ser viviente del pueblo nos hace a Paski y a mi cambiar de idea. Seguimos hasta terminar “Las Mil y una Milias”.
Cuando solo nos faltan 30 kilómetros, los caminos de arrozales y  regadíos y la desorientación nos hacen determinar que un sueño de 15 minutos es necesario para poder terminar vivos esta dura marcha.
Al despertarme, aturdido, vi un brazo que me rodeaba la cara. Me levanté, alarmado hasta que, crédulo, comprendí que era el mío propio.
Es increíble, pero cerrar los ojos un rato te recupera sorprendéntemente. Acto seguido, vislumbramos unas marcas en la carretera. Estas señalan nuestra meta; Nerviano.
Después de 124 horas de viaje, 1650 kilómetros y un total de 73,16 horas pedaleando. Amigos, me enorgullece proclamar que el Sr. Eduardo Pascual y el Sr. Juan Murillo Caballero han realizado con éxito, la pruebas ciclista más duras de Europa; Las Mil y una Milias.



                                                                                                                  Por Juan Murillo

jueves, 6 de septiembre de 2012

CRONICA DEL 2 SEPTIEMBRE DE 2012


Ya estamos de vuelta de agosto, algunos no se fueron, otros no han aparecido en todo el mes (estos han vuelto con un extraño bulto detrás del ombligo, creo que se hace llamar efecto txopito-kañas), y otros (bueno concretamente un zumbado, porque no puede tener otro nombre) ha hecho en cinco días lo que otros en todo el mes andando mucho no han llegado a alcanzar en kilómetros.
El zumbado en cuestión es Juan y solamente se ha metido entre pecho y espalda más de 1.600 kilometros en 124 horas y con un desnivel de unos 21.000 metros, es la denominada 1.001 miglia y se celebra bianualmente en Italia. ENHORABUENA RANDONNEUR. Lo más cachondo del asunto es que al saludarle lo primero que dice es que si para el año que viene hacemos la Madrid-Gijón-Madrid o otra parecida en Inglaterra, menos mal que con lo que nos cuesta entrenarle al menos cumple los objetivos.
Al grano que nos despistamos, pues eso, que a las 8:30 horas en la Fuente de los Patos, con una temperatura aproximada de 10ºC (si 2 septiembre y 10ºC de temperatura, es lo que tiene vivir en Siberia-Gasteiz), partimos los siguientes miembros de la grupeta: Felipe, M.A., Ramón, Miguel, Oskar, Joselito, Txumari, Juan y Sergio y bastante afluencia de gente de La Vitoriana.
Partimos relajadamente hacia Aiurdin y encaramos el primer coll de la jornada con tranquilidad, ya que por un lado la etapa se perfila dura, no sabemos como estamos después de Agosto por otro, y por último Aiurdin siempre resulta a casi todo aquel que se le pregunte, un puerto de muy poco gusto.
Coronamos Aiurdin, en la bajada hasta Murgia reagrupamos y bajamos en dirección Amurrio hacia el Alto de las Chozas. Aquí, ya se va cogiendo confianza y se comienza a acelerar el ritmillo (esto es la Vitoriana, a tirar en las cuestas arriba y esperar en las cuestas abajo, hay cosas que no cambian ni porque pase Agosto, ni 100 años, y lo dice un aspirante).
Pasamos Amurrio por el centro y se sube al alto de Zarobe, desde donde se va para Respaldiza, Zuaza y se llega a Okondo. Hasta aquí el grupo continua bastante compacto, aunque el ritmo se ha acelerado de modo notable, pero se vé que aquí SI que se entrena con el calorcito.
Una vez en Okondo nos dirigimos hacia Laudio a través del puerto de Malkuartu, con unas rampas de vértigo que hacen que una gran parte del pelotón se lo agradezca a modo de grito pelado al que ha diseñado el recorrido.
Éste último, presente entre ellos, se siente lleno de gozo y le quita importancia, es lo que hace la gente modesta.
En Laudio control de firmas, aunque aquí si que se ha atomizado el pelotón, bien por pinchazos en la bajada o bien por el ritmo del último tramo.
Recomponemos las fueras y salimos rápidamente en un pelotón de unos 15 aproximadamente, por supuesto, todos los miembros de la grupeta juntos.
A partir de aquí se va subiendo hasta el alto del puerto de Altube, pero hasta llegar hasta un poco más adelante del cruce de las Chozas el ritmo se hace tranquilo, entre bromas, chistes (de algún modo hay que llamarlos) y otros comentarios de difícil reproducción en este foro tan formal y serio.
Una vez llegados a las primeras rampas de Altube, se acaba la algarabía, nos embarga el silencio, incluso se escucha algún lloro que otro por el fondo y cada uno sube como puede, pues se empieza a notar que es el primer día después de Agosto.
Una vez superado Altube, cruzamos Murgia, y una parte de la representación dice que tiene prisa y emprende el regreso por Aiurdin, mientras que el resto, fieles a lo dispuesto en el calendario de la Vitoriana, subimos Zarate, bajamos a Gopegi y de aquí nos dirigimos a Gasteiz, a un ritmo infernal que hizo que algunos se quedaran por el camino.
A la altura de Aranguiz, Juan, Txumari y yo decidimos que ya lo hemos dado todo y que tenemos mucha morriña del fresco sabor de la espuma tostada de una kañita en la Duna, así que a ritmo ligero nos dirigimos a nuestro destino, donde nos encontramos con alguno con nuestro mismo pensamiento pero que ha salido con la B. Quien será????????????



                                                                                                              Por Sergio Fernández Oleaga