
¿En que le ha ayudado a usted practicar cicloturismo?
Desde
que empecé a andar en bici, descubrí que este era un deporte que me ayudaba a
librarme del estrés. Cuando trabajaba, mi función requería de mucho esfuerzo,
yo era técnico de mantenimiento, y eso me provocaba mucha tensión. Pero cuando yo salía los domingos con mis
amigos a andar en bici y nos pegábamos una buena tunda seguida de un buen
almuerzo con la cuadrilla, yo me desahogaba. La bici me servía de terapia para
eliminar la ansiedad que me provocaba el trabajo, me ayudaba a sentirme como
nuevo y por eso me ha “enganchado” tanto.
En
general siempre he sido una persona muy hiperactiva y, ahora que estoy
jubilado, es un modo de gastar mis energias.
Normalmente las personas que se jubilan se vuelven más
sedentarias…
Si,
pero no es mi caso. Desde que dejé de trabajar salgo a andar en bicicleta todos
los días, tres o cuatro horas mínimo. Practicar este deporte me ayuda a
controlar mi tensión, y dicho sea también, me permitirme comer lo que quiera y
tomarme un chupito de orujo mientras juego una partida al mus, mi otro vicio.
Dejó el trabajo y se subió a la bici…
Si,
se podría decir así. Hace ya nueve años que me jubilé y ahora me dedico a
tiempo completo a la bicicleta. Esto me permite alcanzar marcas como la de este
año; 25.300 kilómetros, lo que calculo, será una media de 1300 horas al año.
Y
eso sin contar los kilómetros que recorro por Vitoria, ya que por ciudad
procuro desplazarme con la bici, siempre que mis quehaceres como abuelo de
cuatro nietos me lo permiten. Creo que andar en bicicleta, además de ser un deporte
excepcional, es también el medio de transporte más útil en la ciudad.
¿Suele desplazarse a otros lugares para practicar el
cicloturismo?
También
suelo andar en Benidorm. Aunque allí salgo más veces gracias al buen tiempo que
normalmente acompaña a esta ciudad de la comarca de Marina Baja, mi media allí
es más baja porque el terreno es mucho más duro; tiene más desniveles y es más
rocoso. Si en Álava mi media es de 23,55 kilómetros por hora, en Benidorm se
reduce a unos 21.
Creo
que en Álava tenemos unas carreteras excepcionales para andar en bici. Además,
el cicloturismo te ayuda a descubrir los bonitos paisajes de esta tierra, todo
lo que sé de geografía alavesa se lo debo a la bici.
¿Crees que uno de los aspectos que mejor describe a los
cicloturistas es la competitividad?
Si.
Los deportistas siempre se han tomado el cicloturismo muy a pecho. Cuando
salimos en grupo, por ejemplo, nadie se quiere quedar en las cuestas y en estos
casos el grupo te condiciona a seguir un nivel que puedes tener o no. Y cuando
intentas llevar un nivel superior al tuyo estas forzando tu capacidad.
Que
decir de las pruebas organizadas, ahí esta situación se agrava mucho más.
En
mi opinión, la competición le quita diversión al cicloturismo. Yo entiendo este
deporte como algo bueno para la salud, una forma de hacer amigos y
despreocuparte de los problemas de la vida cotidiana. Nada que ver con la
competitividad, por supuesto.
¿Normalmente evita salir en grupo?
No
tiene porqué. Es más, normalmente salgo en grupo, aunque procuro no dejarme
condicionar por el grupo y seguir siempre mi ritmo, controlando mis
pulsaciones.
Los
grupos con los que salgo no son fijos, es decir, cada día va quien quiere o
puede. Hace años pertenecía a la Sociedad Deportiva Kapildui, pero cada vez
éramos menos los que salíamos en bici y por eso ahora me junto con otros
grupos.
Salimos
de la plaza de la Constitución, al principio éramos muy pocos pero actualmente
nos juntamos más de cuarenta ciclistas.
¿Por qué crees que muchas Sociedades Deportivas están
desapareciendo?
La
mayoría son sociedades que en un principio eran deportivas y
gastronómicas. Pero, desafortunadamente,
con el tiempo, está dominando lo
gastronómico sobre lo deportivo. Entonces lo que al principio motivaba a los organizadores, como podía ser organizar
salidas o pruebas, hoy en día no tiene mucho sentido. Ya sea porque los
organizadores se han hecho mayores y han dejado el deporte a un lado, o porque
la mayoría de los que integran la sociedad no son deportistas.
¿Como surgió tu curiosidad por la bici?
Empecé
a andar en bici con 42 años cuando mis hijos se apuntaron en la escuela de
ciclismo de Alegría. Como ellos eran pequeños (9 y 8 años) tuve que comprarme
una bici para poder acompañarlos ya que nosotros vivíamos en Vitoria y las
salidas eran en los pueblos de alrededor.
Curiosamente,
hoy en día, yo soy el único que sigo andando en bici. A mis hijos les gustaría
pero mis nietos y el trabajo no les dejan tiempo para dedicarse a ello.
Después de 27 años practicando el cicloturismo, tendrá
una larga lista de metas conseguidas…
Si,
entre mis salidas más largas de Álava esta la Blan, en Canarias el Pico de la
Nieves, en Francia el Tourmalet y el Aubisque… Y muchos más.
Todas estas hazañas irán acompañadas de infinidad de
anécdotas…
Si
la mayoría buenas pero también alguna que otra mala. Lo que más me sorprende es
todo lo que ha cambiado todo desde hace un tiempo hasta ahora, porque antes no teníamos móvil y claro cada
vez que pinchabas una rueda y te quedabas sin recambio tenías que sacarte solo
las castañas del fuego. Una vez, recuerdo que en Peñacerrada, se me pinchó una
rueda de la bici y tuve que ir llamando de casa en casa hasta que conseguí a
alguien que me acercara a casa.
Por Iris Murillo